I N D I C E
INTRODUCCION.
HABERMAS Y LA ESCUELA DE FRANCFORT.
TEORIA DE LA COMUNICACION Y ACCION POLITICA.
HOMBRE Y SOCIEDAD.
TEORIA DE LA COMUNICACION.
TEORIA DE LA ACCION COMUNICATIVA: APLICACION DE LA TEORIA DE
REFLEXION CRITICA.
BIBLIOGRAFIA

INTRODUCCION.
Para Habermas el hombre se define como un ser social inmerso en un haz de relaciones. El hombre es reconocido como tal, es decir, como individuo libre y autónomo merced a que él reconoce a los otros hombres, y según la norma kantiana del imperativo categórico, como él mismo pretende que se le considere.

El haz de relaciones dentro del cual se mueve le condicionan a la vez que le dan la libertad. Le colectivizan a la vez le individualizan debido al reconocimiento antes citado. El hombre es un ser social que necesita de los demás individuos que forman la sociedad en la que vive con ciertas garantías de vida buena, al sentido aristotélico, y feliz. Los otros facilitan su vida mediante un intercambio reglado dentro de cada tribu, pueblo o sociedad; tras la división social del trabajo unos hombres producirán alimentos, otros armas, otros instrumentos para trabajar,... Con el tiempo cada individuo sólo sabrá hacer un trabajo, alejándose así cada vez más del estado anterior, en el que todo hombre debía saber hacer y proveerse de todo lo necesario para su propia vida.

El hombre parece haber perdido toda su autonomía y diferencia con los demás, con los que ahora compartirá su vida. Estos a la vez que le hacen la vida más fácil, le exigen algo a cambio, a saber, la perdida de parte de su libertad y su individualidad. Pero la identidad personal no se pierde, sino que es en este contexto de socialización donde se consigue y se aferra de forma necesaria, gracias, eso si, al reconocimiento mutuo. Pero tal reconocimiento ha ocasionado ríos de tinta según la perspectiva desde la que se mirase, el individuo aparecerá pues, según unos, como inmerso en un todo que le envuelve y que le da la vida, los sistemas de valores, de creencias, la educación, etc. Según otros, es el mismo individuo el que ha creado libremente las condiciones en las que vive y con las que se relaciona, a las que hay que poner límite si no quiere que condicionen su individualidad. Habermas habla de estas concepciones de la teoría de la Sociedad para luego mostrar abiertamente la suya. A ello me dispongo.

La teoría de la sociedad habermasiana no se enfrenta directamente a las teorías comunitaristas y liberales, sino más bien trata de reelaborar los puntos flacos que existen en cada una de ellas partiendo siempre desde un primer momento, es el momento de la comunicación entre los sujetos que viven en una sociedad. Habermas observa como en ambas posturas existe un estrechamiento ético en los discursos políticos. Desde una política deliberativa se tiene en cuenta la pluralidad de formas de comunicación que además del autoentendimiento ético se deben a la ponderación y equilibrio de intereses y compromisos, mediante elección racional de los medios con vistas a un fin, justificaciones morales y comprobaciones de que se es jurídicamente coherente... Así la política dialógica gira en torno a las condiciones de comunicación y procedimientos encaminados a la formación de la opinión y la voluntad política con fuerza legitimadora.

El tercer modelo de democracia, que yo quisiera proponer, se apoya precisamente en las condiciones de comunicación bajo las que el proceso político puede tener a su favor la presunción de generar resultados racionales porque se efectúa en toda su extensión en el modo y estilo de la política deliberativa.

La teoría de la democracia, por ejemplo, es concebida por la concepción liberal como un proceso que es fruto de compromiso entre intereses; para la concepción comunitaria, la formación democrática de la voluntad común se efectúa en forma de una autocomprensión ética. Y para la concepción dialógica la deliberación se apoya en un consenso entre los ciudadanos que pertenecen a esa sociedad. Así la teoría del discurso "toma elementos de ambas partes y los integra en el concepto de un procedimiento ideal para la deliberación y la toma de resoluciones". De esta forma, la razón práctica, hace una operación de repliegue desde la idea de derechos universales del hombre propios del liberalismo, o desde la ética concreta del comunitarismo, para quedar situada en el discurso interpersonal que responde a reglas; formas de argumentación que toman por contenido normativo de la base de validez de la acción orientada al entendimiento, o sea a la estructura misma de la comunicación lingüística.

Para la concepción comunitarista, la formación de la opinión y voluntad política de los ciudadanos son medios para constituirse el Estado. Ciudadanos y Estado son miembros de una totalidad, ambos son uno. La voluntad de los ciudadanos es la del Estado, es la de la tradición, es la de los valores compartidos. El individuo está en pos de la colectividad. Para la concepción liberal, el Estado está desprovisto de todo papel que no sea funcional, ayudar al funcionamiento de la sociedad civil que se rige por el libre arbitrio de los intereses particulares de los ciudadanos. Esta sociedad se deja llevar por la economía y por la máxima satisfacción de felicidad, y en pos de ellos se organiza la Sociedad y el Estado.

La teoría del discurso toma de ambas partes elementos y los articula de forma nueva y distinta. Concede gran importancia al proceso político de formación de la opinión y de la voluntad común, pero sin relegar a segundo plano los términos del Estado de derecho normativo. La política deliberativa no depende de una ciudadanía colectiva, sino de cada individuo formado en opinión libre y autónoma. Este hombre se ve identificado con el hombre que vive, sufre y es feliz hoy. Así se despide de la filosofía de la conciencia que habla de un sujeto social-global creador de normas y de vida. Así lo explícita Habermas con sus propias palabras:

En el primer caso, la ciudadanía, es decir, el conjunto de ciudadanos, es considerado como una actor colectivo, en el que el todo tiene su lugar de reflexión y que actúa por ese todo o representando a ese todo; en el otro, los actores particulares actúan como variables independientes en los procesos de poder, los cuales discurren de forma ciega, porque allende los actos de elección individual no puede haber decisiones colectivas tomadas de forma consciente, a no ser en un sentido simplemente metafórico. La teoría del discurso, por el contrario, cuenta con la intersubjetividad de orden superior que representan procesos de entendimiento que se efectúan en la forma institucionalizada de deliberaciones en las corporaciones parlamentarias o en la red de comunicación de los espacios públicos políticos. Estas comunicaciones exentas de sujeto o que no cabe atribuir a ningún sujeto global, constituyen campos en los que puede tener lugar una formación más o menos racional de la opinión y la voluntad acerca de temas relevantes para la sociedad global y de materias necesitadas de regulación. La formación informal de la opinión desemboca en decisiones electorales institucionalizadas y en resoluciones legislativas por las que el poder general comunicativamente se transforma en un poder empleable en términos administrativos.

Aquí se mantiene la distancia entre Sociedad Civil y Estado, y es donde Habermas muestra la separación de esferas entre "mundo de la vida" y "sistema"; los espacios públicos autónomos se distinguen de la acción económica y de la administración pública. Pero Habermas no acepta la supremacía de estos dos medios como son el poder y el dinero sobre el ámbito de la vida, algo tan usual en la vida de hoy, cuando todo se mide por valores económicos, incluso las relaciones íntimas dentro de la familia. Ante este maremagnum de desajustes, Habermas ve surgir la solidaridad como un principio que tiene su existencia en el mundo de la vida, y que puede ser muy necesario tanto en el sistema como en la coordinación entre ambos. La fuerza de integración social que tiene la solidaridad tratará de exportarse a todo los espacios públicos autónomos, incluso a los de procedimientos de formación de opinión y voluntad política; también ante poderes como el dinero y el poder administrativo. Habermas no abandona esto como si de un ideal se tratara, sino que trata de ponerlo en la práctica ante una Europa, unida en estos momentos, por lazos económicos, a la que se avecinan graves problemas.

El Mercado Común Europeo provocará una mayor movilidad horizontal y multiplicará los contactos entre miembros de nacionalidades diversas. Además la inmigración procedente de la Europa del Este y de las regiones más pobres del Tercer Mundo hará aumentar la pluralidad multicultural de la sociedad. Pero estas tensiones, cuando se las elabora de forma productiva, fomentan una movilización política que dan impulso a movimientos sociales endógenos de un nuevo tipo, surgidos ya en el marco del Estado nacional (como el movimiento pacifista, el movimiento ecológico y el movimientos feminista). Esto reforzará la relevancia de los temas públicos para el mundo de la vida. Simultáneamente crece la presión de problemas para los que sólo puede haber ya soluciones coordinadas en términos europeos. En estas condiciones podrían formarse plexos de comunicación en espacios de opinión pública de alcance europeo que constituirían un contexto favorable, así para las corporaciones parlamentarias de regiones en formación, como para un parlamento europeo dotado de mayores competencias.





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