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I N D I C E INTRODUCCION. HABERMAS Y LA ESCUELA DE FRANCFORT. TEORIA DE LA COMUNICACION Y ACCION POLITICA. HOMBRE Y SOCIEDAD. TEORIA DE LA COMUNICACION. TEORIA DE LA ACCION COMUNICATIVA: APLICACION DE LA TEORIA DE REFLEXION CRITICA. BIBLIOGRAFIA
TEORIA DE LA COMUNICACION. 5.1.- Pragmática universal.
Quien mejor que el mismo Habermas para explicar el concepto de pragmática universal:
La pragmática universal tiene como tarea identificar y reconstruir las condiciones universales del entendimiento posible. En otros contextos se habla también de "presupuestos universales de la comunicación"; pero prefiero hablar de presupuestos universales de la acción comunicativa porque considero fundamental el tipo de acción orientada al entendimiento. Parto, pues, (sin intentar probarlo en este lugar) de otras formas de acción social, por ejemplo, la lucha, la competencia y en general el comportamiento estratégico, pueden considerarse derivados de la acción orientada al entendimiento. Como en el nivel sociocultural de la evolución el lenguaje representa además el medio específico del entendimiento, voy a dar un paso más, entendiendo por acciones comunicativas actos de habla explícitos; pasaré por alto las acciones no verbalizadas y las manifestaciones expresivas ligadas al cuerpo.
La pragmática universal para Habermas se basa en la pretensión de que no sólo los rasgos fonéticos, sintácticos y semánticos de las oraciones, sino también ciertos rasgos pragmáticos de la emisiones (el habla) admiten reconstrucción racional en términos universales. Al habla misma pertenecen los elementos invariables de la situación de habla. La tarea inicial de la pragmática universal será la reconstrucción de las "presuposiciones generales de las acciones de habla consensuales". Considerando un acto de habla no como un símbolo, una palabra o una oración, sino como la producción o emisión de una "instancia de una oración bajo ciertas condiciones en las que se desarrolla la interacción entre los individuos".
Habermas emplea el análisis del habla consensual como base para su análisis del habla orientada al entendimiento; parte de ahí para analizar los modos derivativos (estratégicos) y defectivos (deformados) de habla. Usa los resultados de sus análisis de los actos de habla para elaborar una noción general de "acción comunicativa" con la finalidad de suministrar una base adecuada para la investigación social. La pragmática universal, al igual que la filosofía transcendental kantiana, busca las condiciones de posibilidad, pero en este caso estas condiciones no son del conocimiento, sino de llegar a un acuerdo en la comunicación mediante el lenguaje ordinario. Se trata pues de abandonar el fuerte apriorismo kantiano en favor del "a priori relativizado", y así se reconoce las condiciones empíricas del entorno y del contexto social y real de experiencia y acción.
Voy a desarrollar la tesis de que todo agente que actúe comunicativamente tiene que entablar en la ejecución de cualquier acto de habla pretensiones universales de validez y suponer que tales pretensiones pueden desempeñarse. En la medida en la que quiera participar en un proceso de entendimiento, no puede menos de entablar las siguientes pretensiones universales de validez (precisamente éstas y no otras):
- la de estarse expresando inteligiblemente,
- la de estar dando a entender algo,
- la de estar dándose a entender
- y la de entenderse con los demás.
El hablante tiene que elegir una expresión inteligible, para que hablante y oyente puedan entenderse entre sí; el hablante tiene que tener la intención de comunicar un contenido proposicinal verdadero, para que el oyente pueda compartir el saber del hablante; el hablante tiene que querer expresar sus intenciones de forma veraz para que el oyente pueda creer en la manifestación del hablante (pueda fiarse de él); el hablante tiene, finalmente, que elegir una manifestación correcta por lo que hace a las normas y valores vigentes, para que el oyente pueda aceptar esa manifestación, de suerte que ambos, oyente y hablante, puedan concordar entre sí en esa manifestación en lo que hace a un transfondo normativo intersubjetivamente reconocido. Por lo demás, la acción comunicativa sólo puede proseguirse sin perturbaciones mientras todos los participantes supongan que las pretensiones de validez que unos a otros se plantean, son pretensiones planteadas con razón.
Meta del entendimiento es la producción de un acuerdo, que termine en la comunidad intersubjetiva de la comprensión mutua, del haber compartido, de la confianza recíproca y de la concordancia de unos con otros El acuerdo descansa sobre la base del reconocimiento de cuatro correspondientes pretensiones de validez: inteligibilidad, verdad, veracidad y rectitud. En alemán la expresión Verständigung (entendimiento) es multívoca. Tiene el significado mínimo de que los sujetos entienden idénticamente una expresión lingüística, y el significado máximo de que se da entre ambos una concordancia acerca de la rectitud de una emisión por referencia a un transfondo normativo que ambos reconocen. Además, los participantes en la comunicación pueden entenderse sobre algo en el mundo y hacerse mutuamente comprensibles sus intenciones. Pero si el pleno acuerdo, que comprende los cuatro mencionados componentes, fuera el estado normal de la comunicación lingüística, no sería menester analizar el proceso de entendimiento bajo el aspecto dinámico de producción o consecución de un acuerdo.
Dentro del mapa semiótico se sitúa la pragmática universal en su ocupación por las reglas para situar oraciones en cualquier acto de habla. Es la utilización de oraciones de acuerdo con las reglas pragmáticas que constituyen la infraestructura de las situaciones de habla en general. El acto de emisión pone la oración en relación con la realidad externa (el mundo de los objetos y sucesos sobre los que hacen relación los enunciados y hacen a estos verdaderos o falsos), con la realidad interna (el mundo propio de experiencias intencionales del hablante que pueden ser expresadas con veracidad o sin ella) y con la realidad normativa de la sociedad (es el mundo en el que nos situamos y responde a normas aceptadas socialmente, aquí se habla de corrección e incorrección). Así, pues, un hablante al emitir una oración plantea "pretensiones de validez" de tipos diferentes:
- que su emisión es comprensible - inteligibilidad - es un nivel inmanente al lenguaje.
- que lo que se enuncia es verdad.
- que la expresión que manifiesta sus intenciones es veraz.
- que su emisión (acto de habla) es correcto o adecuado en relación con el contexto normativo reconocido.
El criterio de inteligibilidad exige que el agente que comunica ha de elegir una expresión inteligible, se ha de estar expresando de un modo que pueda ser reconocido por el oyente. En segundo lugar, es preciso (criterio de verdad) que el hablante tenga la intención de comunicar un contenido proposicional verdadero. La mentira intencional quiebra la base de validez del habla. Si el hablante miente, el oyente puede "entender" la mentira, e incluso puede creérsela, pero con ello se habría introducido una fisura que en algún momento romperá el difícil equilibrio del entendimiento.
El criterio de veracidad significa que el hablante ha de expresar sus intenciones de forma que puedan ser creídas por el oyente. Una manifestación verdadera, pero expresada de modo que suene falsa, o que induzca al oyente a desconfiar, pese a ser "verdad" equivale a una mentira en el sentido de que dificulta del mismo modo el futuro entendimiento. El hablante ha de estar dándose a entender. En cuarto lugar, y por último, el criterio de rectitud o corrección apunta a que el hablante necesita entenderse con los demás y, por tanto, ha de elegir una manifestación correcta en lo que respecta a las normas y valores vigentes, de tal forma que exista concordancia en éstas con las del oyente y éste último pueda aceptar esa manifestación. Este cuarto criterio sugiere la necesidad de un transfondo cultural compartido. En una comunicación se pueden estar respetando las reglas de inteligibilidad, verdad y veracidad y, aún así, no producir entendimiento por una cuestión de "maneras" o normas sociales que se encuentran en vigor en un determinado lugar y época.
El acuerdo descansará sobre estas pretensiones de validez, y existe un reconocimiento común en cuanto a ellos, es decir:
- Tanto hablante como oyente saben implícitamente que cada uno de ellos ha de respetar las mencionadas reglas, para que se pueda crear una comunicación entendida como acción orientada al entendimiento.
- Hay una convicción común de que tales pretensiones de validez están ya resueltas (para el caso de la inteligibilidad, esto es, se supone a todos los participantes dotados de la suficiente competencia gramatical en la construcción de oraciones), o van a ser desempeñadas adecuadamente (en lo tocante a verdad, veracidad y rectitud).
Habermas nos muestra como el entendimiento es un proceso cuya meta es un "acuerdo sobre la base presupuesta de pretensiones de validez reconocidas en común". Esto implica la concepción de la acción consensual como un proceso dinámico y sobre el transfondo de un consenso aproblemático. Ante un proceso de suspenso de las pretensiones de validez, nos vemos ante la disyuntiva de pasar a la acción estratégica , o de interrumpir la comunicación, o de "retornar a la acción orientada al entendimiento en el nivel que representa el habla argumentativa". Así lo explica Habermas:
El entendimiento es el proceso de consecución de un acuerdo sobre la base presupuesta de pretensiones de validez reconocidas en común. En cuanto, a lo menos para una de las pretensiones de validez, queda en suspenso la presuposición de cumplimiento o desempeñabilidad, la acción comunicativa no puede proseguirse. Nos vemos, entonces, básicamente ante la alternativa, o de pasar a la acción estratégica, o de interrumpir en general la comunicación, o también de retomar la acción orientada al entendimiento en el nivel que representa el habla argumentativa (con el fin de pasar a un examen discursivo de la pretensión de validez que hemos dejado hipotéticamente en suspenso). En lo que sigue pasaré por alto tanto el discurso como la acción estratégica y sólo tomaré en consideración los actos de habla consensuales.
En todo lo que sigue al consenso de fondo, es decir, el "reconocimiento en común" de pretensiones de validez que recíprocamente nos planteamos ha de significar a lo menos lo siguiente:
- hablante y oyente saben implícitamente que cada uno de ellos ha de entablar las mencionadas pretensiones de validez para que en general pueda producirse una comunicación en el sentido de acción orientada al entendimiento;
- esto significa la convicción común de que las pretensiones de validez planteadas en cada caso, o bien (como sucede en el caso de la inteligibilidad de las oraciones emitidas) han quedado ya resueltas o desempeñadas, o bien (como sucede en el caso de la verdad, la veracidad y la rectitud) podrían desempeñarse porque las oraciones, proposiciones, intenciones manifestadas y emisiones cumplen las correspondientes condiciones de adecuación.
Según esto, el análisis de la competencia comunicativa (a diferencia de la meramente lingüística) exige una explicación de la habilidad del hablante no solo para producir oraciones gramaticalmente correctas sino para:
- seleccionar el contenido proposicional de tal forma que refleje una experiencia o hecho de modo que oyente y hablante puedan compartir ese saber.
- expresar su intención de forma que la expresión lingüística refleje lo que el hablante piensa (de esta forma el oyente podrá confiar en el hablante).
- realizar los actos de habla de forma que cumplan normas reconocidas (oyente y hablante estarán de acuerdo en esos valores).
Esto implica concebir el lenguaje como parte de la vida del hombre, fruto de su acción social en un mundo que se basa en la interacción entre los hombres. El lenguaje, pues, es quien muestra nuestra relación con los otros hombres, con el mundo real y con el propio. Esto es lo que hace de la teoría de la competencia comunicativa, en Habermas, la clave para construir una teoría de la sociedad con bases racionales y fruto del entendimiento entre los hombres.
Una teoría de la competencia comunicativa, (la capacidad de "insertar" el lenguaje en una red de relaciones con los diferentes órdenes de realidad) nos suministraría, pues, un marco de referencia unificado para toda una serie de empresas teóricas que van desde la teoría del conocimiento y de la acción a las teorías de la socialización y la ideología. Dicho en términos muy generales, como el habla es el medio distintivo y omnipresente de la vida en el nivel humano, la teoría de la comunicación constituye la disciplina universal y básica de las ciencias humanas; revela la infraestructura universal de la vida sociocultural. Lo que ha Habermas le preocupa en concreto es la teoría de la acción social; para esta teoría es central el tercer aspecto de la comunicación (el establecimiento de relaciones interpersonales). De ahí que sus propios trabajos sobre pragmática universal haya consistido sobre todo en un desarrollo de la teoría de los actos de habla.
5.2.- Consenso racional.
Ya vimos lo que ocurría si las presuposiciones que están a la base de la acción comunicativa se ponen en suspenso, esto es, o se rompe el diálogo, o se recurre a la acción estratégica o se continúa con el discurso argumentativo. Habermas, como es obvio rechaza las dos primeras alternativas y se aferra a esta última. Ante un problema que bloquea la continuación de la acción comunicativa, hay que trabajar constantemente por un acuerdo basado en la razón y en la continuación de la acción comunicativa, hay que trabajar constantemente por un acuerdo basado en la razón y en la intersubjetividad. Este es un presupuesto básico para el futuro de la humanidad.
Pero el consenso racional no es resultado de las peculiaridades de los participantes y su situación; sino de haberse sometido a la mejor argumentación. El acuerdo pues será válido para todo sujeto racional - participante en hecho y en potencia en dicho consenso -. La lógica de la verdad de Habermas adopta la forma de una "lógica del discurso teórico", es decir, de un examen de las condiciones (pragmáticas) de posibilidad de alcanzar un consenso racional mediante la argumentación. Así se convierte en una teoría consensual de la verdad (el consenso racional es el criterio último de verdad), pero no cualquier consenso que se alcance puede servir de garantía de verdad; se trata del consenso alcanzado en virtud de la fuerza del mejor argumento. Al llegar a la decisión racional resultado del mejor argumento suponemos que a tal resultado hemos llegado mediante la ausencia de coacción, tanto externa (violencia o amenaza de violencia) como interna (distorsiones neurológicas o ideológicas). Es la estructura de la pragmática de la comunicación. Esta estructura está exenta de coacción cuando existe para todos los participantes una distribución simétrica de oportunidades de asumir roles dialógicos.
Todo discurso práctico sigue las siguientes reglas:
1.- Desde un punto de vista lógico. Versan sobre la coherencia del discurso y garantizan un mínimo entendimiento. Son:
- Ningún hablante puede contradecirse; principio de no contradicción.
- Coherencia; cualquier hablante que aplique un predicado "f" en un objeto "a" tiene que estar dispuesto a aplicar "f" a cualquier otro objeto que coincida con "a" en los aspectos relevantes.
- Distintos hablantes no pueden utilizar la misma expresión con significados diferentes.
2.- Consideran la argumentación como un procedimiento que consiste en la búsqueda cooperativa de la corrección. Las normas son:
- Un hablante puede afirmar únicamente lo que cree.
- Quien recurra a un enunciado o a una norma que no es objeto de discusión, debe dar una razón para ello.
3.- Consideran la argumentación como un proceso de comunicación; los interlocutores quieren llegar a un acuerdo no motivado por la fuerza coactiva y visceral, sino por la fuerza del mejor argumento. Las normas son:
- Cualquier sujeto capaz de utilizar el lenguaje y la acción puede participar en el discurso.
- Cualquiera puede problematizar cualquier afirmación.
- Cualquiera puede expresar sus posiciones, deseos y necesidades.
- No puede impedirse a ningún hablante hacer valer sus derechos establecidos en las reglas anteriores mediante coacción interna o externa al discurso.
La acción comunicativa se produce cuando varios sujetos parten de un entendimiento mínimo (pretensiones de validez), buscan un entendimiento (que no es un acuerdo pleno). Cada sujeto se propone fines, pero el fin propio de la comunicación es llegar al entendimiento; tiene una teleología interna. No se habla de la teleología aristotélica de un fin ontológico, sino de la noción de fin que incluye la acción comunicativa.
¿Como comprobar si la norma es correcta?
a) Principio de universalización: una norma sólo será válida cuando todos los afectados por ella puedan aceptar libremente las consecuencias y efectos secundarios que se seguirían previsiblemente de su cumplimiento para la satisfacción de los intereses de cada uno. De esta forma, pasamos de la ética de la convicción kantiana a una ética de la responsabilidad o de la consecuencia.
b) Principio de la ética del discurso o reconstrucción dialógica de la antinomia kantiana: sólo podrán pretender validez las normas que encuentran o podrían encontrar aceptación por parte de todos los afectados como participantes a un discurso práctico. Es una ética procedimental pues todos los afectados comprueban la corrección de una norma participando en un discurso. A este acuerdo de todos es a lo que se llama consenso. Todos los afectados por la norma aceptan que se ponga en vigor.
El principio de la ética del discurso puede interpretarse como una "situación ideal del habla", o como una "comunidad ideal de argumentación". Es aquella en la que:
- Todos los afectados por una norma práctica participan en un diálogo.
- Ese diálogo se celebra en condiciones de racionalidad y simetría; todos los afectados pueden explicitar sus intereses.
- Todos llevan la intención de dejarse convencer únicamente por el mejor argumento (que nunca será externo al diálogo).
Para esto habrá que pensar una realidad (hegeliana) que contenga un momento de idealidad, de lo que "debe ser", del concepto. Para Hegel, el concepto de va desarrollando mediante la vida del individuo en el mundo, por tanto, el concepto está en la realidad humana. Los conceptos son normativos; forman parte del deber ser y su relación con lo que hay es dialéctica, es decir, se influyen y modifican interdependientemente. La "situación ideal del habla" es un momento de la realidad entendida en este sentido hegeliano.
La "situación ideal de habla" se muestra también como idea regulativa en sentido kantiano, esto es algo que de facto no existe, no nos puede llevar a decir que nunca podrá existir. Desde este punto de vista será guía de nuestra acción y canon para la crítica en el discurso práctico. Es una situación libre de todo tipo de condicionante empírico y en base a la cual se construye el consenso racional.
Llamo ideal a una situación de habla en que las comunicaciones no solamente no vienen impedidas por influjos externos contingentes, sino tampoco por las coacciones que se siguen de la propia estructura de la comunicación. La situación ideal de habla excluye las distorsiones sistemáticas de la comunicación. Y la estructura de la comunicación deja de generar coacciones sólo si para todos los participantes en el discurso está dada una distribución simétrica de las oportunidades de elegir y ejecutar actos de habla. De esta exigencia general de simetría pueden deducirse para las distintas clases de actos de habla exigencias especiales de equidistribución de las oportunidades de elegir y ejecutar actos de habla.
La situación ideal de habla es la idea regulativa en la que tienen lugar las condiciones bajo las que es posible el consenso racional. Así se asegurará una discusión irrestricta y una discusión que se vea libre de influencias deformadoras, debidas al comportamiento estratégico o a las barreras que el autoengaño imprime a la comunicación.
La forma ideal de vida está unida a la interacción comunicativa pura; en este sentido las exigencias de la "situación ideal de habla", en la que el discurso puede conducir a un consenso genuino, incluyen una reformulación de las ideas de libertad y de justicia en términos de la teoría de la comunicación. "La verdad de los enunciados está ligada, en último extremo, a la intención de una vida buena y verdadera". Se parte de una discusión crítica en busca de la pretensión de verdad. La idea de verdad apunta a una forma de interacción exenta de toda clase de influencias deformadoras. La vida buena y verdadera, que es meta de la teoría crítica, es intrínseca a la noción de verdad, es anticipadora en cada acto de habla.
La situación ideal de habla dista mucho de ser real. Su status es una suposición inevitable del discurso; es necesario hacerla cada vez que entramos en el discurso con la intención de llegar a un acuerdo racional con pretensiones de validez. Si se pone en duda alguno de los componentes e esta suposición surgen dudas sobre la racionalidad del consenso a que se llegó y sobre la justificación de la pretensión de verdad a la que ese consenso sirve de garantía. Por ello, al entrar en un discurso con la intención de resolver sobre su pretensión de verdad en atención a sus propios méritos, suponemos que somos capaces de hacerlo así, que la situación del discurso es tal que solo esos méritos sean los determinantes, esto muestra que están en la situación ideal de habla.
Pero la situación ideal de habla es también contrafáctica, las condiciones del habla raramente son las de la situación ideal de habla. Las limitaciones de tiempo, espacio, psicológicas,... parecen excluir la perfecta realización de esas condiciones. Pero esto no hace que ese ideal sea ilegítimo ya que es a modo de idea regulativa (en sentido de Hegel) que puede servirnos como guía para la institucionalización del discurso y como estándar crítico con que medir cualquier consenso alcanzado de hecho. En nuestra vida tenemos ideales religiosos, éticos, políticos, cognitivos, artísticos,... que sabemos que no son susceptibles de realización completa, pero no por eso son menos efectivos en la configuración de la vida social. Habermas insiste en que la situación ideal de habla, no es solo una idea fruto del pensamiento y situada frente a la realidad deficiente, pues es una suposición que tiene que hacerse para que la argumentación no pierda su sentido.
Si es verdad que, en última instancia, sólo podemos distinguir entre un consenso racional, es decir, un consenso alcanzado argumentativamente y que sea al tiempo garantía de verdad, y un consenso meramente impuesto o consenso engañoso por referencia a una situación ideal de habla; y si además hemos de partir de que fácticamente nos atribuimos en todo momento y también tenemos que atribuirnos la capacidad de distinguir entre un consenso racional y un consenso engañoso, porque, sino, tendríamos que abandonar la idea del carácter racional del habla; y si, ello no obstante, en ningún caso empírico es posible decidir unívocamente si está dada o no una situación ideal del habla - entonces solo queda la siguiente explicación: la situación ideal del habla no es ni un fenómeno empírico ni una simple construcción, sino una suposición inevitable que recíprocamente nos hacemos en los discursos. Esa suposición puede ser contrafáctica, pero no tiene porque serlo; más, aún cuando se haga contrafácticamente es una ficción operante en el proceso de comunicación. Prefiero hablar, por tanto, de una anticipación, de la anticipación de una situación ideal de habla. Solo esta anticipación garantiza que con el consenso fácticamente alcanzado podamos asociar la pretensión de un consenso racional; a la vez se convierte en canon crítico con que se puede poner en cuestión todo consenso fácticamente alcanzado y examinar si puede considerarse indicador suficiente de un consenso fundado.
5.3.- Discurso teórico y discurso práctico.
Para Habermas las diferencias entre la lógica de la argumentación teórica y la de la argumentación práctica no son tales como para desterrar a esta última del ámbito de la racionalidad. Los criterios práctico-morales pueden ser decididos mediante la razón, o sea mediante la fuerza del mejor argumento. El resultado del discurso práctico puede ser un resultado racionalmente motivado como expresión de una voluntad racional. De esta forma las cuestiones prácticas son susceptibles de verdad.
Mientras en el discurso teórico se examina la pretensión de rectitud implícita en la acción original y se comprueba la pretensión de verdad de la aserción original, en el discurso práctico se examina la rectitud de la norma que se supone que la acción cumple. La pretensión que ha de fundarse discursivamente es la pretensión vinculada a la recomendación de que se adopte una norma o un estándar valorativo. En el discurso práctico se tendrán en cuenta las consecuencias y efectos laterales que puede esperarse que tengan la aplicación de una norma propuesta, en relación con la satisfacción (o no) de las necesidades y deseos generalmente aceptados. El principio mediante el que se rige es el de universalizabilidad pues solo se permiten las normas que puedan encontrar un reconocimiento general en su ámbito de aplicación. Así se excluyen como no susceptibles de consenso aquellas normas cuyo contenido y ámbito de validez sean particulares. En el discurso práctico normas y valores, roles e instituciones, principios y convenios deben su existencia al hecho de ser intersubjetivamente reconocidos como vinculantes o válidos. Mientras esto ocurra tienen validez normativa ante los actores sociales. Pero si se pone en cuestión su validez quedan en suspenso; como las normas fácticamente existentes pueden resultar injustificables y las normas justificables no tienen porque estar en rigor, la relación entre el discurso práctico y la realidad social puede ser una relación crítica.
La función del discurso práctico es examinar qué intereses son los capaces de ser compartidos comunicativamente (susceptibles de consenso) y cuales no, es separar los intereses particulares irreconciliables de los generalizables. Si el consenso se basa en un conocimiento adecuado de las condiciones y consecuencias y en una percepción de los intereses reales (y no en el engaño o en el autoengaño), entonces se trata de un consenso racionalmente movido. Mediante el lenguaje, el hablante comunica sus intereses y deseos, los compartidos y generalizables pasarán al diálogo. Esta conexión entre naturaleza interna e intersubjetividad lingüística muestra la adecuación entre lenguaje y el mundo en su afán de describir fenómenos, relacionar datos, formular y criticar argumentos,... es condición necesaria de la racionalidad del discurso.
La fuerza generadora de consenso de un argumento radica en la suposición de que el sistema de lenguaje en cuyo marco se interpreta, tanto las recomendaciones necesitadas de justificación como las normas y las necesidades universalmente aceptadas que se aducen como respaldo, es adecuado (...) Llamamos adecuado a un lenguaje moral que permite a determinadas personas y grupos en circunstancias dadas una interpretación veraz tanto de sus necesidades particulares como, sobre todo, de las necesidades generales y susceptibles de consenso. El sistema de lenguaje elegido tiene que permitir aquellas y sólo aquellas interpretaciones de las necesidades, en las que los participantes en el discurso puedan hacer transparente su naturaleza interna y reconocer qué es lo que verdaderamente quieren... En virtud de sus propiedades formales, el discurso práctico tiene que garantizar que los participantes puedan percatarse de la inadecuación de las interpretaciones tradicionales de las necesidades; tienen que poder desarrollar el sistema de lenguaje que les permita decir qué es lo que quieren en las circunstancias dadas y en relación con las circunstancias factibles, y qué es lo que deben querer sobre la base de su consenso universal.
El lenguaje moral que aparece como resultado permite a determinadas personas y grupos, en circunstancias dadas, una interpretación veraz de sus necesidades particulares y generales susceptibles de consenso. De esta forma el hablante expresa de forma transparente su naturaleza interna y reconoce qué es lo que verdaderamente quiere. Este lenguaje les permitirá decir qué es lo que quieren en circunstancias dadas y en relación a circunstancias factibles, y qué es lo que deben querer sobre la base de su consenso universal.
Razón teórica y razón práctica están ligadas y son momentos de un racionalidad global cuyo desarrollo coherente significa el desarrollo de la voluntad racional; así, mientras que la crítica del conocimiento exigía la tematización de los intereses subyacentes a las distintas formas de investigación; la crítica de la conciencia práctico-moral exige preguntarse por lo que queremos y debemos conocer, siempre teniendo en cuenta lo que podemos conocer. De esta forma reflexionaremos sobre la clase de información a la que debemos dar preferencia.
Lo que Habermas llama "ética comunicativa" se funda en las normas fundamentales del habla racional. La misma comunicación orientada hacia un entendimiento y un acuerdo, implica el planteamiento y reconocimiento recíproco de pretensiones de validez. El análisis pragmático-universal de las condiciones del discurso y del consenso racional, muestra la necesidad de imponer una situación ideal de habla caracterizada por la igualdad entre los interlocutores para asumir roles dialógicos, libertad para elegir dichos roles y propuestas, así como el principio de universalidad, mediante el cual todo hablante capaz de lenguaje y de acción tiene que ser tomado en cuenta a la hora del acuerdo racional. Incluso los no presentes en el momento de dicho acuerdo.
El argumento tu quoque trascendental trata de convencer a aquel que se pregunta por la fundamentación de un principio racional de tipo argumentativo de que con su pregunta, si se la entiende bien, ya se ha situado precisamente en el terreno de ese principio... Este argumento tu quoque de tipo trascendental puede aplicarse, a mi juicio, no sólo a aquél que (por lo menos una vez) ha participado en una argumentación, sino a cualquier sujeto capaz de lenguaje y de acción. Incluso a aquel que todavía no ha participado nunca en una argumentación podemos tratar de convencerlo con éxito del principio racional apelando al saber intuitivo de que "desde siempre" dispone como hablante competente.
En cierto sentido esta ética es una reconstrucción de la ética kantiana, aunque hay ciertas diferencias:
1.- Se da el paso de la ética que se mueve en el marco de la convivencia moral solitaria y reflexiva, a la comunidad de los sujetos en diálogo. La base de esta ética comunicativa no se basa en aquel sujeto trascendental kantiano, autónomo y libre de todo condicionamiento empírico, sino que está dentro de un contexto social en el que se mueve y le condiciona.
2.- Las leyes kantianas son excesivamente generales y universales. Parten del sujeto que se retrae a su conciencia y es ahí donde hace la máxima universal mostrada en el imperativo categórico. El gran paso es salir de la conciencia y pretender que todo hombre responde en estructura y ley moral de la conciencia.
3.- Para Habermas, la cuestión de que una norma sea universalizable, susceptible de un consenso racional, sólo puede decidirse dialógicamente en un discurso no restringido ni sometido a coacciones. Este es el paso procedimental de la ética dialógica, el someter mi máxima a todos los otros con el fin de examinar discursivamente su pretensión de universalidad. Así, el énfasis se pasa de lo que cada uno puede querer que se convierta en una ley universal, a lo que todos pueden acordar que se convierta en una norma universal. Pero estas normas justificables discursivamente y los intereses susceptibles de universalización tienen un núcleo no convencional; no existen empíricamente y no se las pone en virtud de una decisión, sino que se forman y descubren de manera contingente. De esta forma la ética comunicativa asegura la universalidad de la norma mediante un examen y desempeño discursivos de las pretensiones de validez con que se presentan estas normas, esto es gracias al consenso de todos los afectados que admiten como válidas las normas en que todos los afectados se ponen o podrían poner de acuerdo sin coacción alguna. Esta elección tiene como meta cubrir los deseos, intereses, necesidades, apetencias,... de todos los participantes (y otros posibles) en el acuerdo racional.
4.- También cambia la relación entre forma y contenido. El formalismo de Habermas se diferencia del kantiano en que la objeción que se hace desde Hegel a Kant de que las normas concretas de acción no pueden ser generadas a partir de la pura forma de racionalidad, no tiene la misma fuerza cuando refiere al modelo del discurso. Como en el discurso práctico de lo que se trata es de la universalizabilidad de los intereses, de las necesidades, deseos, ... el contenido pertenece a la propia situación del discurso del mismo contexto en el que vive la propia comunidad de hombres que buscan dicho acuerdo. Además, el hecho mismo de que sean los afectados por las normas propuestas los que deben llegar a un acuerdo racional entre ellos, excluye la posibilidad de legislar de una vez por todas y para todo el mundo, es decir, de universalizar una ley para siempre. Aunque bien es cierto que sí se indica el procedimiento a seguir en toda legislación racional, cualesquiera que sea la época y el tiempo.
El discurso práctico, en virtud de sus propias cualidades formales, ha de garantizar que los participantes puedan cambiar en cada momento de nivel de discurso y percatarse de la inadecuación de las interpretaciones de las necesidades, que han recibido de sus antepasados. Tienen que poder desarrollar aquel sistema de lenguaje que les permita decir qué es lo que pueden querer, habida cuenta de las circunstancias dadas y de las circunstancias factibles.
En Reconstrucción del materialismo histórico, Habermas habla de los problemas que acarrea la equiparación entre la democracia y una organización específica de la sociedad (sea forma particular de gobierno, sea método particular de seleccionar dirigentes). La democracia en tanto que principio de ordenación política no aboga a priori por un tipo específico de ordenación como el mejor; tampoco excluye a priori ninguna organización que implique representación, delegación... De lo que trata es de encontrar en cada circunstancia mecanismos que justifiquen las decisiones políticas como fruto del acuerdo entre los participantes en dicho acuerdo sin ningún tipo de restricción.
Así, la Teoría Crítica en ningún momento se separa del contexto social en el que se codea con problemas e individuos afectados. Llama a la conciencia pública ante toda situación de conflicto social, trata de asegurar y articular los fines e intereses de todos los individuos afectados (presentes y no presentes) evitando la represión de intereses generalizables mediante su tratamiento como intereses particulares (gran contradicción en la que ha caído el sistema capitalista; apropiación privada de la riqueza pública).
Por lo tanto, una teoría de la sociedad que quiera ser a la vez una crítica de la ideología sólo podrá identificar el poder normativo incrustado en el sistema institucional de una sociedad si parte del modelo de la represión de intereses susceptibles de universalización, y comparar las estructuras normativas vigentes en cada caso con el estado hipotético de un sistema normativo formado, ceteris paribus, discursivamente. Tal reconstrucción emprendida contrafácticamente, para la que P. Lorenzen propone el procedimiento de la "génesis normativa", puede llevarse a efecto desde el siguiente punto de vista (justificado desde una pragmática universal): ¿Como hubieran interpretado colectivamente, con carácter vinculante, sus necesidades los miembros de un sistema social en un estadio evolutivo dado de las fuerzas productivas y qué normas hubieran aceptado como justificadas si con un conocimiento suficiente de las condiciones marginales y de los imperativos funcionales de su sociedad hubieran podido y querido entrar en una formación discursiva de la voluntad colectiva para decidir sobre la organización del comercio y trato sociales?.
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